La Cristiandad está en peligro ante la imparable expansión del islam, algo de lo que es muy consciente nuestro caballero don Fortún.
Por eso se ha plantado en la pequeña atalaya de Torrelodones, con el ánimo de frenar a tan terrible enemigo. ¿Él sólo?, pues sí.
Podría parecer un gesto demasiado osado, chulesco y temerario, pero don Fortún tiene las ideas muy claras y no se deja engañar por las apariencias. Él ve y actúa con el mismo espíritu que inspiró al rey David: “Yahvé que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará de la mano de ese filisteo” (1º S, 37).

D. Fortún en Torrelodones

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