Contra los primeros carros de combate se tuvieron que fabricar nuevos cañones que les pudieran hacer frente, empezando a denominarse “cañones antitanque”. El Pack 35/36 de 37mm fue uno de estos primeros cañones posteriores a la Primera Guerra Mundial. Se empezó a fabricar en 1928 y para el momento tenía un diseño muy moderno que mejoró cuando se sustituyeron las ruedas de madera por las de acero y neumáticos.

Este cañón se convirtió en uno de los imprescindibles del principio de la siguiente guerra mundial, pero ya en la campaña de Francia el Pack 37 se vio superado por unos tanques mejor blindados. Pese a quedarse obsoleto se siguió usando en unidades de adiestramiento y en posiciones defensivas estáticas. También se montó en semiblindados y se le adaptó una granada contracarro de carga hueca con lo que se consiguió que su vida operativa continuara hasta el final del conflicto.