Con un peso de 57,8 t a una velocidad máxima en carretera de 45 km/h, y de 20 km/h campo a través, el panzer VI (Tigre I) se empleó a fondo para poder llegar a sus innumerables destinos. Si bien es cierto que los trayectos largos los realizaba en tren, este traslado también se complicaba porque era demasiado ancho para los vagones y debía de cambiar las orugas de combate por otras de viaje más estrechas.

Cuando llegaba a la zona de conflicto su aproximación al frente tenía que superar los pertinentes fallos mecánicos, y una vez en el campo de batalla estos fallos se multiplicaban debido al uso extremo del momento y a las escasas muestras de cariño del enemigo.

Cuando un Tigre quedaba inutilizado se valoraba si más tarde se podría recuperar o si se debía de sacrificar para que no cayera en manos del enemigo. La primera opción daba paso a una misión arriesgada y la segunda daba al traste con una pequeña fortuna, en cualquier caso, irrecuperable.